Dinámicas territoriales en la gestión de riesgos de desastres

Feb 25, 2019

Dada las anomalías climáticas y los procesos naturales del planeta en el que vivimos, es imprescindible reflexionar sobre la gestión de riesgos de desastres y los  procesos que podrían garantizar una resiliencia más efectiva y rápida. Sin embargo vivimos inmersos en una situación que ha generado ciudades caóticas, asentamientos de expansión irracional, además de servicios que terminan por generar marginación y exclusión. En este sentido nos preguntamos; ¿cuáles son los cuellos de botella para que esto no ocurra? Para responder esta pregunta y complejidad que representa, hablemos de la industria inmobiliaria. Esta industria ha generado por décadas una intensa movilidad económica dedicada a la construcción de viviendas e infraestructuras  en zonas de depósito aluvial (suelos sensibles formados por avenidas de huaicos y movimientos en masa), además de las implicancias políticas y de corrupción que han facilitado e influido en la expansión urbana, ocupando zonas no aptas para producir una ciudad[1].

Por décadas la especulación de la tierra, la concentración de ésta en pequeños grupos y el tráfico de terrenos, le fueron ganando espacio a los pocos valles en Lima, perdiendo área para el desarrollo agropecuario en los valles del Rimac, Chillon y Lurín. Es claro que para la industria inmobiliaria es de mucho interés expandir sus proyectos de vivienda en los valles costeros, quizás sin preocuparse lo suficiente, de que se traten de los suelos más sensibles ante desastres sociales[2]; situación similar se está reproduciendo en los valles interandinos y amazónicos, en zonas similares sujetas a riesgos por anomalías climáticas.

Sin embargo para las empresas inmobiliarias ésta situación no les representa una pérdida económica, pero si recae en el usuario final. Dada esta situación surge la interrogante; ¿cómo encontrar el punto de partida para la resiliencia de una ciudad? Más allá de las zonas apetitosas de confort urbano, cómo ya saben se encuentra la periferia urbana, muchas plagadas por servicios deficientes y conglomerados económicos desarticulados de la problemática local, pero estas periferias nos proponen el punto de partida para alcanzar la resiliencia.

La concentración de población en la periferia urbana, nos muestra dos fuertes dinámicas, la primera es la población que se desplaza de sus lugares de origen hacia los centros económicos de la ciudad y la segunda es la población residente de la periferia que crea su autoempleo y dinamiza económicamente a su localidad, de este mismo modo ante una emergencia (huaicos, sismos, inundaciones, protesta social, entre otros), esta población se vuelve resiliente y generanuevas estrategias para resolver situaciones que podrían poner en riesgo su situación  económica, política y social[3].

Estas dinámicas a nivel local constituyen el elemento movilizador en el territorio, sin duda es aquí en donde se tiene que concentrar el soporte necesario para maximizar los procesos de gestión territorial ante un desastre social que a su vez involucre a los centros económicos de mayor flujo monetario

El camino a una ciudad resiliente ante la adversidad del futuro climático, se encuentra en la población mayoritaria que genera una producción territorial compleja, ésta población cuenta con un tejido social que pese a la precariedad educativa, termina por encontrar el punto de partida para generar estrategias colectivas, las cuales se podrían maximizar para gestionar una organización territorial resiliente. Por otro lado es importante intervenir en los representantes de las instituciones del estado, para que una situación de desastre no se convierta en una plataforma de propaganda política, es decir las capacidades de los actores políticos se podrían concentrar en desarrollar infraestructura mayor y menor, además de la habilitación urbana necesaria para que la población no vea interrumpida su desarrollo por eventos con los que se puede convivir y hacerlos de provecho para la sostenibilidad de las ciudades y del campo.

 

[1] Es preciso mencionar que no son útiles las viviendas sismorresistentes construidas en zonas que se pueden activar por procesos aluviónicos, huaicos o en zonas inundables (humedales bofedales e incluso zonas destinadas al rebose de aguas residuales). 

[2] Zonas en donde la expansión urbana ha ocupado terrazas aluviales, flujos de torrenteras, cauces de ríos y quebradas, además de suelos sensibles a sismos. Además en estos espacios existe hacinamiento de viviendas y una baja calidad de servicios.

[3] Una población altamente dinámica es la productora vital de la ciudad.

Modificado por última vez en Miércoles, 27 Febrero 2019 16:56
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