Red Muqui, que hace parte de la Red Iglesias y Minería en América Latina, y participó en la IV Asamblea General en Buenos Aires el 20-22 de agosto del presente año, comparte la carta emitida por la Asamblea.

 

CARTA A LAS COMUNIDADES AFECTADAS POR LA MINERÍA

Queridas comunidades amenazadas, criminalizadas, explotadas y devastadas por el extractivismo minero, que resisten esperanzadas.

Reunidas y reunidos en Buenos Aires, Argentina, del 20 al 22 de agosto de 2019, sesenta laicos y laicas, obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, pastores y pastoras, de 10 países de Nuestra América (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, El Salvador, Ecuador, Guatemala, Honduras, México y Perú) y Reino Unido; compartimos nuestras voces y la rica experiencia que aquí vivimos en estos días a través de esta sentida carta.

Interiorizamos y asumimos como nuestros los dolores, las alegrías y las esperanzas de sus voces, que con fe e intensa fortaleza enfrentan los impactos, cada día más desastrosos, de las actividades extractivas en sus territorios que matan personas y exterminan la naturaleza.

Comprendemos profundamente las formas y las implicaciones globales de la expansión minera en todo nuestro subcontinente, siendo el cambio climático el síntoma terminal del gran daño de este sistema capitalista, neoliberal y depredador. Nos animamos a intercambiar las múltiples resistencias de nuestros pueblos, enraizadas en sus territorios, alentadas en sus culturas y espiritualidades originarias, tradicionales y cristianas. Decidimos y encaminamos acciones de fortalecimiento de estas luchas, sabiendo que de ellas depende también la sobrevivencia de nuestro planeta, nuestra Madre Tierra, Pachamama.

Iluminadas e iluminados por la Cruz Maya y las místicas indoafroamericanas que nos invitaron a armonizar los caminos del ser humano con los caminos de Dios y su Creación; que nos invitaron a reconocer las luces y sombras de los diferentes puntos cardinales a los que pertenecemos y a cuya tierra nos debemos, queremos decirles que nuestro corazón comunitario se hizo cruz, y se expandió al Oriente y al Poniente, al Norte y al Sur de esta tierra latinoamericana y toda la tierra que somos y que grita.

Profundamente conmovidas, conmovidos, humanizadas y humanizados por las lágrimas del pueblo de Brumadinho y las de su obispo Don Vicente Ferreira, y habiendo honrado cada uno de los nombres de las 272 personas muertas y 20 desaparecidas, los ríos Córrego do Feijão e Paraopeba y toda su biodiversidad, víctimas del crimen cometido por la empresa minera Vale contra esta comunidad.

Asimismo, habiendo hecho memoria de las más de 60 personas asesinadas, las 218 criminalizadas en los últimos 10 años a causa de conflictos mineros y de todos los pueblos en resistencia de América Latina y el Caribe ante este modelo de crecimiento infinito y capitalismo por despojo de los más vulnerables, nos hicimos silencio, indignación, rabia, lágrima, oración y urgencia.

Animadas y animados por el encuentro con las Madres de Plaza de Mayo y su valiente marcha pública que ilumina las marchas de toda Nuestra Casa Latinoamericana y Caribeña; animadas y animados por el abrazo de la Madre Norita Cortiñas que nos invitó a la paciencia persistente, esperanzada y comprometida con la memoria, la justicia y la vida, nos hicimos sentimiento de admiración por todas las comunidades defensoras de los derechos humanos individuales y colectivos, de la tierra, el ambiente y los bienes comunes de Nuestra América. Nos hicimos pasos para caminar a su lado.

Desde la memoria de los mártires latinoamericanos y caribeños, con dolor, fuerza y dignidad, nos hacemos grito: exigimos el esclarecimiento de los asesinatos y masacres hechos por empresas, con omisión o connivencia de gobiernos, contra habitantes de territorios, defensoras y defensores de la Madre Tierra, y contra la biodiversidad, en los diferentes países de la región, y de manera extremamente urgente en Brasil, Colombia, Perú, Guatemala, Honduras y El Salvador.

Recibimos con indignación la noticia de los incendios criminales en la Amazonía liderados por el gobierno Bolsonaro, atentando de manera directa contra la vida del planeta, dado que la Amazonía es la mayor floresta de cuya transpiración depende el clima planetario, no solamente de Sudamérica.

Exigimos el establecimiento de responsabilidades y la adopción de medidas de verdad, justicia y re-dignificación. Exigimos a los gobiernos de los distintos países de la región adoptar las medidas de protección requeridas para salvaguardar la vida de defensoras y defensores que se encuentran amenazados y exhortamos a los pueblos a rescatar las garantías para el funcionamiento pleno de la democracia y el ejercicio de sus derechos.

Las acciones prioritarias que planteamos en este contexto nos conducen a la Incidencia de la Red en empresas, Estados y en las Iglesias, a la promoción de la desinversión en minería del Norte Global, y a la acogida dialogante y el intercambio entre eco espiritualidades y al fortalecimiento de las comunicaciones.

Desde nuestro corazón comunitario hecho cruz y abrazo, en solidaridad con las madres latinoamericanas que consuelan y mantienen la marcha por la justicia y la memoria con toda esperanza; hechos paso urgente y grito certero, queremos ratificar que somos uno-una con Ustedes y nuestra Casa Común.

En celebración amorosa, unidas y unidos en la alegría de quienes sabemos que, desde Cristo Jesús, la Vida vence a la muerte y al dolor, haremos de cada lucha una fiesta: ¡para la vida toda y hasta siempre! ¡Que amanezca!

Buenos Aires, 22 de agosto, 2019
IV Asamblea – Red Iglesias y Minería

Pronunciamiento de la Comisión Episcopal de Acción Social (CEAS)

“He visto la aflicción de mi pueblo y he oído su clamor” (Ex 3, 7)

Reunidos en Reque, Chiclayo, representantes de la Iglesia Católica desde la Pastoral Social de las jurisdicciones eclesiales de Chiclayo, Chimbote, Chota, Chulucanas, Huari, Jaén y Trujillo, acompañados por los Obispos participantes en el Encuentro MACRO REGIONAL NORTE “DESAFÍOS DE LA PASTORAL SOCIAL A 4 AÑOS DE LAUDATO SI´PERSPECTIVAS PARA LOS BIENES DE LA CREACIÓN Y NUESTRA CASA COMÚN”, realizado los días 08 y 09 de agosto de 2019:

1. Constatamos que en nuestras jurisdicciones y en nuestra macro región se presentan graves daños en el ambiente y en los bienes de la creación causados por la propia mano del ser humano y, en especial por actividades extractivas como la minería, los hidrocarburos, la agroexportación, la pesca industrial, la problemática de los residuos sólidos, las aguas residuales, la deforestación y la quema de bosques.

2. Asumimos lo manifestado por los Obispos del CELAM en su Carta “Discípulos Misioneros Custodios de la Casa Común”: “Por extractivismo entendemos una desaforada tendencia del sistema económico por convertir en capital los bienes de la naturaleza (1)”, y con ello la imposición de conceptos como “desarrollo” y “progreso” que consideran a la persona como objeto del sistema consumista, como lo recuerda la Encíclica Laudato Si´.

3. Sufrimos los efectos de un sistema que nos induce a un consumo desmedido y a una cultura del descarte, que depreda nuestros recursos, les pone precio a todos, genera explotación laboral, trata de personas, poniendo en riesgo la seguridad y soberanía alimentaria y el propio futuro de nuestro planeta. Por ello es importante destacar las alternativas de nuestras comunidades, la agricultura familiar, la conservación y protección de sus recursos
naturales y de aquellas actividades ancestrales que exigen al Estado asumir su responsabilidad para brindar a las personas mejores condiciones y medios de vida, sin afectar sus derechos.

4. Frente a ello, consideramos fundamental recuperar la mirada de Jesús que contempla todo lo creado con, “una mirada integral e integradora de todos los aspectos (2)” que reconoce a la personas como parte integrante de la
naturaleza, esa es la perspectiva de la ecología integral a la que Papa Francisco nos convoca en la Encíclica Laudato Si´, invitándonos a tener los mismos sentimientos de Jesucristo.

5. Consideramos como Iglesia, desde la pastoral social de nuestras jurisdicciones, la necesidad de articularnos para fortalecernos como “una Iglesia en salida (3)”, que prioriza a los más pobres y vulnerables, que asume una
perspectiva intercultural, que fomenta espacios de formación e información para crear conciencia del cuidado de la casa común que nos lleven a la acción, considerando y rescatando los modos de vida de nuestras comunidades ancestrales como ejemplo de respeto a nuestra naturaleza.

6. Exhortamos a nuestros gobiernos nacional, regionales y locales, a que estén en contacto directo con su pueblo, que estén abiertos a un diálogo sincero y justo, con el oído atento para escuchar “el grito de la tierra que guarda una estrecha relación con el grito de los pobres (4)”. Exhortamos también a que se revisen los marcos normativos y políticas públicas que afectan derechos, para evitar con todo ello que se sigan generando más conflictos sociales, como los que están ocurriendo recientemente, que desembocan en acciones desmedidas generadoras de violencia y que afectan de plano a los derechos humanos.

Chiclayo, 09 de agosto de 2019

1 Carta Pastoral “Discípulos Misioneros Custodios de la Casa Común” Discernimiento a la luz de la Encíclica Laudato Si´” (DMCCC). Consejo
Episcopal Latinoamericano – CELAM. Bogotá, Enero 2018. N° 11.
2 Carta Encíclica “Laudato Si´, sobre el cuidado de la Casa Común” (LS). Papa Francisco. Vaticano, Mayo 2015. N° 141.
3 Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium. Papa Francisco. Vaticano, Noviembre 2013. N° 20.
4 Carta Encíclica “Laudato Si´, sobre el cuidado de la Casa Común” (LS). Papa Francisco. Vaticano, Mayo 2015. N° 23.

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