Disputar la comunicación para defender las luchas y la memorias de los pueblos en segunda vuelta electoral

Por: Yulissa Casana, coordinadora del Área de Comunicación de la Red Muqui

A días de realizarse la segunda vuelta, esta competencia electoral deja, sin lugar a dudas, varios elementos para estudios de comunicación. Por un lado, las narrativas construidas alrededor del “enemigo” (el contrincante), la dicotomía entre el caos y el orden y, por otro lado, el abierto respaldo de grandes medios de comunicación, empresarial y político hacia una determinada candidatura. La disputa de crear emociones colectivas y el sentido común ha sido el menú del día en estos últimos meses.

Demandas postergadas en las elecciones

En este complejo contexto electoral resulta difícil enumerar todas las demandas postergadas y los casos emblemáticos que deberían ocupar un lugar central en la agenda pública, precisamente porque todos son urgentes y necesarios de exponer para exigir mediáticamente justicia. Desde el norte, centro y sur del país, las comunidades y poblaciones enfrentan problemas vinculados a la contaminación, la criminalización de defensoras y defensores, el avance de economías ilegales, la precarización de la vida, la concentración de la riqueza y la profundización de desigualdades históricas.

No obstante, muchos de estos temas siguen siendo minimizados o abordados desde enfoques que privilegian el crecimiento económico por encima de la dignidad de los pueblos o bajo marcos que criminalizan desde un disciplinamiento político-mediático-corporativo. Hay valiosas experiencias comunicativas en distintas regiones de radios comunitarias, medios digitales, populares, entre otras formas de comunicación (en crecimiento y cambiantes), que fortalecen procesos organizativos, construyen memoria y acompañan las luchas sociales.

Disputas y acomodos

En un país atravesado por múltiples crisis sociales, políticas y ambientales, la segunda vuelta electoralse ha convertido en un espacio de disputa de los sentidos, de la realidad y del poder en tiempos de posverdad, de polarización extrema y del ascenso de la extrema derecha en Latinoamérica.

En el Perú tenemos antecedentes vergonzosos de medios y periodistas que negociaron (negocian) líneas editoriales, difundieron (difunden) desinformación o contribuyeron (contribuyen) a estigmatizar a comunidades, organizaciones sociales y movimientos feministas, sociales y juveniles.

Entonces, surge la pregunta: ¿es posible la neutralidad en este ejercicio comunicativo? En la práctica, la comunicación ha servido históricamente a intereses políticos, económicos y corporativos, acomodándose a las coyunturas y a los escenarios favorables para determinados grupos de poder. Por eso, más que una neutralidad absoluta, vale preguntarnos al servicio de quiénes se comunica y qué posición tomamos, por ejemplo, en las luchas reivindicativas. 

Raíces de las fracturas sociales y superficialidad en la comunicación 

Las causas estructurales de los conflictos sociales (el racismo, la desigualdad, la violencia y discriminación estructural, la exclusión histórica o la imposición del modelo extractivo) suelen quedar fuera del debate público. Peor aún, cuestionar estas estructuras viene acompañado con el “terruqueo”, un arma política muy utilizada para deslegitimar y anular voces disidentes.

Una comunicación que no interpela al poder, no escucha a los pueblos y reproduce estigmas termina siendo funcional a quienes buscan mantenerse en los espacios de poder y asegurarse su tajada en el próximo gobierno.  

No pretendo entrar aquí en el dilema de la comunicación política en sí misma, sino en el uso que se hace de ella y en los intereses que termina sirviendo. Desde la comunicación popular y comunitaria, la comunicación debería estar al servicio de los pueblos, de la defensa de los derechos humanos, de los territorios y de una democracia verdaderamente participativa; no al servicio de campañas de odio, discursos autoritarios o narrativas negacionistas.

Disputar narrativas frente a discursos que imponen un modelo económico extractivo 

Apostar por una comunicación construida desde las comunidades, organizaciones sociales y territorios tampoco es sencillo. Se trata no solo de informar, sino también movilizar, abrazar, cuestionar, acompañar procesos colectivos y fortalecer la memoria de los pueblos. Significa comprender que en el Perú no hay una única forma de imaginar una vida digna, de desarrollo y democracia. 

Existen diversos pueblos, memorias, lenguas y formas de relacionarse con el territorio que históricamente han sido subordinadas por visiones centralistas, racistas y homogeneizantes. Comunicar también implica escuchar esas voces, reconocerlas y cuestionar las jerarquías de poder que deciden quiénes tienen derecho a expresarse y quiénes no.

Aún hay quienes creemos que, poco a poco (incluso en medio de un clima de desesperanza y pesimismo), es posible una comunicación que acerque y no acentúe distancias, barreras ni privilegios. Porque en un país de injusticias y violencias, también hay quienes decidimos estar al otro lado de la orilla.

Foto: III Encuentro Nacional de Comunicadoras y Comunicadores de la Red Muqui (2025)

3 junio, 2026

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