Mujeres indígenas: defender el territorio, la vida y su diversidad también es hacer política

Este 5 de septiembre conmemoramos el Día Internacional de la Mujer Indígena. En los territorios, ser mujer indígena no es solo una identidad que se celebra ni se reduce a reconocer los conocimientos y saberes que resguardan. También significa vivir desigualdades, enfrentar distintas formas de violencia y sostener la vida de sus familias y comunidades.

Por eso, queremos que en este día se escuchen a las propias protagonistas: mujeres que, desde distintos territorios del Perú, organizan, cuidan, denuncian y resisten frente a un modelo extractivo que pone en riesgo el agua, la tierra, los medios de vida y sus derechos.

Voces que nacen en el sur de los territorios

Desde las alturas de Cusco, a 3,928 metros sobre el nivel del mar, se encuentra el distrito de Yauri, en la provincia de Espinar. Allí vive Elsa Merma Ccahua, vicepresidenta de la Red de Mujeres Andinas y Amazónicas de la región.

Para Elsa, no hay lucha colectiva sin liderazgo y participación política de las mujeres. Sabe que las brechas sociales, económicas y de género siguen marcando la vida de las mujeres indígenas, al igual que la discriminación que persiste entre el campo y la ciudad.

“Debería haber una reflexión de parte de las autoridades y de nosotras mismas. En estos últimos años hemos visto y seguimos viviendo discriminación, desigualdad entre las comunidades indígenas con la ciudad, pero nosotros siempre hemos estado en alerta. Cuidando a todo el pueblo, pensando en todo. No solo pensando en nosotras, deberían pensar también en ello las autoridades”, comenta.

Su voz también expresa el desencuentro entre las mujeres de los territorios y el poder político. Frente al nuevo gobierno fujimorista, señala que los pueblos continúan esperando mejoras en los servicios públicos respecto a la salud, economía, educación y seguridad, desde una mirada intercultural.

“La presidenta no nos representa y nos sentimos también actualmente olvidadas, y están olvidados nuestros pueblos originarios e indígenas. No hay atención en tema de salud, seguimos olvidados. No hemos implementado la interculturalidad en tema de salud. La atención con medicinas naturales, así como los partos. El campo agropecuario es nuestro capital y es con lo que mantenemos a la familia”, indica.

Para Elsa, las palabras no son suficientes cuando las familias enfrentan una crisis que afecta directamente sus condiciones de vida.

Crédito de la foto: Derechos Humanos Sin Fronteras

El norte también lidera

En el norte, entre valles extensos, tierras fértiles y fuentes de agua que necesitan protección, se encuentra Victoria Fernández, presidenta de la Central Provincial de Rondas Campesinas de Santiago de Chuco y secretaria de organización de la Central Única Regional de Rondas Campesinas de La Libertad.

Su experiencia pone sobre la mesa otra dimensión de la participación política de las mujeres: ocupar espacios históricamente masculinizados, como las rondas campesinas, y disputar allí su lugar como dirigenta y defensora del territorio.

Ser mujer rondera significa abrir caminos para las nuevas generaciones, siguiendo las huellas de mujeres que antes dieron la lucha por conquistar derechos.

“No es fácil, pero tampoco es imposible. Hay mujeres líderes que han dado su vida para lograr derechos para nosotros. Hay mujeres que seguimos sus pasos y los caminos que han dejado las huellas por lograr derechos e igualdad. Es tener fuerza y voluntad y tener carácter cada día, tratando de enfrentar el machismo y que antes reinaba los derechos solo los varones”, declara.

Además de enfrentarse a un sistema económico que precariza y vulnera los derechos humanos y de la naturaleza, las mujeres tienen que disputar también, dentro de sus propios círculos familiares, ideas preconcebidas sobre el rol tradicional de la mujer.

“Hay pocos hombres que aceptan el liderazgo de las mujeres, el hombre se siente cohibido y vulnerable. Pero las mujeres no solo representamos en las asambleas, sino que representamos políticamente. Me siento con mucha satisfacción. Hay mujeres que creen en mí y sienten un logro y admiración y se proyectan a seguir mis pasos”, apunta.

Para Victoria, que una mujer ocupe el poder político no significa necesariamente que represente las luchas y demandas de las mujeres de los territorios.

“Como mujeres ronderas me atrevería a decir que tenemos una formación distinta a la de Keiko Fujimori. Es mujer, pero no compartimos sus ideas. Es como pasó con la señora Boluarte, son mujeres insensibles y no respetan la vida de las demás mujeres y del ser humano. No estoy satisfecha con este gobierno, no comparto la discriminación que ella representa”, expresa.

Crédito de la foto: Red Muqui

Sentires del centro

En el centro del país, región Junín, Yolit Alejo Bonifacio es una de las principales voceras de las familias que resisten al desplazamiento forzado y a los impactos ambientales y sociales asociados al proyecto Toromocho, operado por la empresa china Chinalco, con el respaldo del Estado peruano.

En las mesas de diálogo también ha experimentado las desigualdades de poder y discriminación para ejercer una participación efectiva.

“Hemos sido desalojados de Morococha Antigua. Siempre se organizaba la mesa principal de diálogo en Huancayo. Van dos reuniones que se suspenden. Aun así, se ha firmado un Convenio Marco”, explica.

Su testimonio revela que la participación de las comunidades no puede reducirse a sentarse en una mesa. Participar significa ser escuchadas, poder decidir, y que los acuerdos respeten los derechos de las familias y las comunidades.

Ella también habla desde una experiencia profundamente vinculada al cuidado y a la defensa de las condiciones que hacen posible la vida: “Creo que sí es posible que las cosas cambien. Las mujeres somos más afectadas, estamos viviendo en el hogar, vivimos el día a día”, agrega.

Su vida está atravesada por la crianza de animales, el cuidado de los hijos y el acceso al agua. Cuando el agua no llega limpia o no es apta para el consumo humano, la afectación no es abstracta: entra en los hogares y multiplica las responsabilidades de quienes sostienen la vida cotidiana.

Extractivismo y desigualdades

Elsa, Victoria y Yolit son tres mujeres entre millones que son conscientes de que la agenda de las mujeres indígenas no puede reducirse a una fecha conmemorativa. Hablar de sus derechos implica escuchar sus voces y propuestas respecto a su economía, salud intercultural, educación, participación política y territorio.

Desde los territorios, ellas disputan las decisiones sobre aquello que sostiene sus vidas. Organizan a sus comunidades, defienden el agua, sostienen las economías familiares y cuestionan un modelo extractivo que pretende decidir sobre sus territorios sin ellas y vulnerando sus derechos.

No son espectadoras de las transformaciones de sus territorios. Son sujetas políticas, defensoras de derechos y protagonistas de las luchas. Y mientras persistan la desigualdad, la discriminación, la violencia y el machismo, sus voces seguirán siendo necesarias.

“Vamos a seguir exigiendo justicia. La lucha continúa”, cierra Yolit.

4 septiembre, 2026

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